Los primeros
pobladores de América encontraron un continente rico en animales de
caza. Algunos de ellos, al igual que el hombre, emigraron de Asia. Otros
animales son originarios de América.

Atrapaban aves acuáticas si vivían en la costa y aves llamadas
lagópodos que cambiaban el color de su plumaje de acuerdo con las
estaciones del año. También se alimentaban de moluscos y peces, leones
marinos, huevos de aves e incluso, en tiempos difíciles, de insectos.
Complementaban su dieta con raíces de arbustos, nueces y frutas
silvestres. Vivían una vida muy difícil porque no siempre tenían éxito
en sus cacerías o porque el hielo del norte de América impedía el
crecimiento de muchas plantas.
Sin embargo, cuando les iba bien en sus cacerías, organizaban
fiestas en las que danzaban durante toda la noche alrededor del fuego y
ante los restos de los animales cazados.
La cacería, por ejemplo del bisonte, era un asunto complejo que
requería del trabajo conjunto de muchos hombres. Los primeros cazadores,
en vista de la limitación de sus armas, idearon estrategias muy
inteligentes para cazar una sola vez varias decenas de bisontes. Creando
una manada y dejando únicamente vía libre hacia una barranca los
cazadores, dando fuertes gritos, se abalanzaban hacia la manada para
asustarla y obligar a los animales a precipitarse en el vacío. Los
primeros bisontes que caían eran aplastados por el peso de los que
venían después; a los que todavía quedaban con vida se les remataba con
lanzas. Finalmente, se quitaba la piel a los animales y se les
destazaba.
En
otras palabras, estos lejanos antecesores de los actuales americanos
eran, sobre todo, cazadores y recolectores de plantas silvestres.
Faltaba mucho todavía para que conociesen el cultivo intencional de
plantas alimenticias, es decir, desconocían la agricultura. Y tenían,
que perseguir a los animales en vista de que nada sabían aún de la
crianza de éstos, pues no habían desarrollado la ganadería.
No hay comentarios:
Publicar un comentario